El gatopardismo o cambio repentino de camiseta, de izquierda a derecha o viceversa, es un fenómeno en la política mexicana que se da día a día, creando confusión y sorpresas a los que estamos un tanto empapados de temas políticos, sin embargo estos hechos han desencadenado el desencanto total de muchos ciudadanos que apostaron la camiseta y que alguna vez creyeron en lideres sin escrúpulos que hoy sin miramientos cambian de una postura política con ciertos ideales a otra muy diferente, con tal de permanecer en el poder y tener ingresos del erario público. Tal es el caso también de algunos partidos que se dicen llamar de izquierda y hoy hacen alianzas con partidos que no tienen nada que ver con sus ideales políticos. Pero tal parece que todo se vale, con tal de conservar el poder por el poder.
http://www.ignaciomartinez.com.mx/noticias/el_gatopardismo_mexicano_24513
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AGO
042013 ¿Qué es el gatopardismo? El concepto que es manejado por las ciencias políticas tiene su origen en la trama de la novela "El gatopardo" escrita por el Italiano Giuseppe Tomasi de Lampedusa entre finales de 1954 y 1957, el "gatopardismo", consiste en "cambiar todo para que nada cambie". La cita original expresa la siguiente contradicción aparente: "Si queremos que todo siga como está, es necesario que todo cambie". Desde entonces, en ciencias políticas se suele llamar "gatopardista" o "lampedusiano" al político que inicia una transformación política revolucionaria pero que en la práctica sólo altera la parte superficial de las estructuras de poder, conservando intencionadamente el elemento esencial de estas estructuras. El gobierno sólo cambia de manos, nada más. ¿Les es familiar este fenomeno verdad?, con algo tan acentuado en nuestro país, es muy difícil que las cosas se corrijan, todos los políticos hacen del mismo cuero correas, gobiernos van y gobiernos vienen y las estructuras sociales son las mismas, nada cambia. "Las tortillas no pueden cambiar de sabor o de color si se hacen con la misma masa, aunque cambien de tortillera". El gatopardismo en México es practicado por el gobierno en todos sus niveles, por los Sindicatos, por los partidos políticos, por las asociaciones civiles, en sí, por cualquier célula de organización social, todos reproducen un patrón a seguir que les indica el camino haciendo más de lo mismo para beneficio del grupo en el poder. En el año 2000, con la salida del PRI de Los Pinos y posteriormente en el 2006, con la continuidad del partido alternante en el poder no iban a cambiar de fondo las cosas en México por la sencilla razón de que se continúo trabajando con las mismas estructuras y con el mismo modelo económico, muchos columnistas y líderes de opinión manifestaron que estos dos gobiernos fueron una copia mal hecha de los gobiernos priistas y tuvieron razón. Ahora, con la llegada nuevamente del PRI al gobierno federal, ¿Creen ustedes que cambiarán las cosas?, es ociosa la pregunta porque estamos viendo que no, y cuando me refiero al cambio es en positivo, hacia adelante, para bienestar de la gente, porque los cambios también se dan en reversa. En Michoacán se ha vivido una situación casi similar, con la diferencia que aquí se pudo sentir con mayor énfasis el deterioro de las instituciones en dos periodos de gobiernos "democráticos" y el cambio para el bienestar y el progreso que aspira la sociedad seguirá esperando, ese cambio no llegará porque desde siempre se ha cambiado para que nada cambie, el "gatopardismo"llegó a México para quedarse, y lo que es peor, se ha perfeccionado tanto que creo que llegó para servir de estilo de vida en la clase política. Los cambios, cuando son de verdad cimbran estructuras, las transforman para iniciar otro camino hacia el bienestar social, otro italiano, Nicolás Maquiavelo en su libro "El Principe", recomienda al nuevo soberano acabar con todo de raíz hasta extinguirlo, nunca fincar lo nuevo sobre lo viejo. Si en verdad en México se quiere cambiar para el bienestar común, el gatopardismo no es el camino, ¡basta ya de maquillaje y de engaños! http://www.jornada.unam.mx/2013/09/01/sem-xabier.html
Por Emilio LezamaGatopardismoHay pocas prácticas políticas que nuestra clase dirigente ha entendido tan bien como el gatopardismo. Cambiar para que todo siga igual; esa parece ser la consigna recurrente de los servidores públicos de nuestro país.
El arte de la simulación, de la promesa que mantiene la llama de la esperanza, cambios que juegan con el imaginario colectivo; juego perverso con la esperanza y las ilusiones de aquellos para quienes el statu quo se ha hecho de muchas maneras intolerable. Para éstos las promesas son un aliciente, para la clase política un comercio, un negocio redituable.
Se trata de mover un poquito el orden de las cosas con tal de no transformar nada de importancia, de esas reformas vaciadas de contenido que prometen ser el motor de cambio y desarrollo del país, todo ello nos ha vuelto una sociedad de la decepción. Sexenio tras sexenio los mexicanos compramos los sueños de renovación que los políticos ponen en el mercado. Hay un dejo de esperanza inocente en nosotros que nos dice que esta vez será distinto, y de esto se nutre la política del gatopardismo; vive de la denigración de la ilusión.
El asunto sin embargo trasciende el campo formal de la política. Hace unos meses se anunció la creación de una nueva liga del futbol en México. Se hablaba de cambios sustanciales que garantizarían una mejora en el nivel del espectáculo futbolero de nuestro país. Pero con toda la atención que se le dio al tema, a los creadores de la nueva liga se les olvidó un pequeño detalle; para que algo sea nuevo, tiene que ser distinto a su forma anterior. La nueva liga nació muerta; no estaban entre sus lineamientos soluciones a los problemas más graves que la aquejan. Brilló por su ausencia por ejemplo el tema de la multipropiedad. En el futbol como en la política la renuencia al cambio es palpable, demasiados intereses están de por medio.
A juzgar por su campaña electoral, una línea de acción parecida podría ser la nueva política gubernamental de Enrique Peña Nieto. Durante toda su campaña el candidato del PRI buscó vender su imagen como la de un agente del cambio. Ciertamente el regreso al pasado es una forma del cambio, aunque éste no sea el más deseado por todos nosotros. Entre otras cosas, Peña Nieto no se cansó de enfatizar que seguiría la lucha contra el narcotráfico emprendida por la actual gestión pero que lo haría “de otra manera”. Es una frase vacía, que deja a todos esperando entender en qué consistirá la “diferencia” de su estrategia. Hasta el momento su acción más clara ha sido contratar a un asesor colombiano en materia de narcotráfico. Para trascender el gatopardismo más que contratar a este experto, EPN podría ensayar lo que en aquel país parece haber sido decisivo: enjuiciar a gran parte de su clase política que estaba vinculada con el narcotráfico. Sin ello lo demás hubiese sido imposible.
En el tema de los medios de comunicación nuevamente nos encontramos con un camino sin salida. Televisa y Tv Azteca llevaron a EPN al poder, ¿se atrevería éste a pasar una reforma que perjudique sus intereses económicos? Nuevamente improbable. Detrás de la candidatura de EPN existen tantos y tan poderosos grupos de interés que, aun en el ingenuo escenario de que deseara actuar con independencia, su espacio de maniobra sería prácticamente cero, al menos en las decisiones importantes para el país.
Cambiar para que todo siga igual ha sido una política muy rentable en México. Sin embargo la sociedad poco a poco cambia y exige más, la pregunta entonces es: ¿hasta dónde aguantará el país?
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